Julián Andrade ( La Razón, 4 de abril)
¿Qué le ocurre a Alberto Bazbaz? El procurador del Estado de México está en un aprieto y bastante grande.
Durante la Semana Santa hizo revelaciones que apuntaban a los padres de la niña Paulette Gebara como probables responsables de la desaparición de la niña. Por eso fueron arraigados. Todo cambió cuando el cadáver fue descubierto, en el cuarto de la niña. Alguien lo puso ahí o la incompetencia de la policía judicial y de los peritos es inmensa.
Bazbaz calificó a Lizette Farah como “indiciada”. En lenguaje llano esto quiere decir que era sospechosa y sujeto de interés en el caso. Todo esto lo hizo el titular del Ministerio Público en conferencia de prensa, donde también se afirmó que la madre de la niña tenía “problemas de personalidad”.
Fueron días tensos en los que la investigación parecía avanzar por buen camino. Ante los desastres a los que estamos acostumbrados se abría una luz de esperanza en el camino. Esta vez no habrá impunidad, pensamos varios.
El levantamiento del arraigo de los padres de Paulette y de las trabajadoras domésticas puede significar un giró en las investigaciones que impliquen que las sospechas ahora apuntan a otro lado, una preparación para atar cabos y consignar a los responsables o un anuncio de que el caso se está complicando, como siempre en México.
Con frecuencia se acusa a los medios de hacer especulaciones sin razón, de no respetar la vida privada y de erigirse en Ministerios Públicos. Así pasa a menudo, pero en esta ocasión la responsabilidad primaria es de la autoridad. Toda la información delicada e importante del asunto, fue proporcionada en boletines y declaraciones oficiales.
El procurador Bazbaz dice que “no aceptará presiones” para apurar la resolución del homicidio. ¿Quién lo presiona? ¿Hay gente poderosa que lo quiere ver resbalar? ¿La insistencia de los medios afecta las indagatorias?
Si se respondiera a estas preguntas es seguro que contaríamos con pistas de cómo se van desarrollando las cosas.
Hay un interés legítimo en la historia, porque esta se hizo pública desde que la niña Paulette Gebara desapareció de su domicilio.
Las investigaciones por ley son secretas, entre otras cosas para no afectar a terceros, pero la información que surge en los temas relevantes puede servir para evitar la impunidad.
La supervisión pública del trabajo de las procuradurías puede ayudar a que los criminales no se salgan con la suya.
Puedo parecer ingenuo, pero aunque hay datos fundados de que la investigación puede estar desbarrancándose, todavía creo que sabremos quién mató a Paulette Gebara. A estas alturas el más interesado debe ser el procurador Bazbaz, quien sin duda se juega algo más que el cargo, la credibilidad.
martes 6 de abril de 2010
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