Julián Andrade (La Razón, 6 de julio 2009)
Las cosas cambian. Hace 20 años el secretario de Gobernación era el amo y señor de las elecciones. En su ámbito estaba el nombrar, inclusive, a los presidentes y funcionarios de casilla. Los representantes de los partidos, distintos al PRI, eran expulsados con frecuencia y los conteos del voto eran bastante dudosos.
Hoy son ciudadanos, sorteados previamente, quienes se encargan de la casilla y del conteo de los sufragios, por lo que es casi imposible un chanchullo.
Las elecciones ahora son competidas y sus resultados inciertos. Hay un consejo electoral en el que el gobierno no tiene participación alguna. En contiendas cerradas puede ocurrir cualquier cosa y en caso de pleito está la ruta de los tribunales electorales.
Se dice fácil, pero costó mucho llegar a la normalidad democrática.
Por eso, entre otras cosas, acudí a votar. Como en la inmensa mayoría, puede ejercer mi derecho sin contratiempo alguno y con la seguridad de que mi voto cuenta.
Creo que la democracia es lo mejor que tenemos, después y antes de ella está el autoritarismo en sus distintos niveles y tonalidades.
Uno de los grandes retos de esta jornada fue el de curar las heridas que surgieron en el 2006 por la mala fe de algunos y por la pésima operación política de otros. En los próximos días y semanas veremos si esto se logró.
Nuestro sistema electoral es bastante confiable pero está golpeado. La prueba de fuego fueron las descalificaciones del PRD y en particular de Andrés Manuel López Obrador desde que perdieron en 2006.
La idea del robo de la elección permeó en sectores poco informados o convenencieros y causó daño en la confianza y la credibilidad.
Hoy conviene recordar que por ello fueron sustituidos, de manera incorrecta, me parece, algunos de los consejeros del IFE. Los partidos decidieron que era mejor jugar con otros árbitros y ya los tienen.
EL PRD, en esta ocasión, no puede decir que fue excluido de la integración del consejo. Votaron a favor de sus nuevos integrantes y son corresponsables de esta decisión.
Si se logró restaurar la confianza, blindándola contra demagogos, será un triunfo irrebatible para el IFE.
La nueva reforma electoral también fue puesta a prueba. Es evidente que tendrá que ser revisada en el futuro, sobre todo en el tema de las campañas y la libertad de expresión.
También contaremos, ahora sí, una lectura clara de lo que el electorado piensa del gobierno federal y de los distintos partidos políticos.
Veremos que tanto permeó el debate sobre la seguridad y que es lo que en realidad está entendiendo el grueso de la ciudadanía. Ojalá el mensaje sea claro
martes 7 de julio de 2009
jueves 25 de junio de 2009
Sarkozy sin guacamole
Julián Andrade
Florence Cassez “está destruida” y considera que su condena significa “la pena de muerte”. 60 años, en efecto, son muchos y más si se tienen 34 años.
Su abogado francés, Franck Berton, le declaró a Libération, de París, que la decisión del presidente Felipe Calderón, de no permitir el traslado de Cassez a Francia, es “un acto electorero”.
El vocero del ministerio de la cancillería francesa, Frédéric Desagneaux, piensa que la determinación mexicana es “difícilmente comprensible” y por ello llama a la familia Cassez a buscar todos los recursos posibles para continuar con el caso.
El litigante mexicano, Agustín Acosta, recurrirá a instancias internacionales para denunciar “las inconsistencias” de la investigación que llevó a la condena de Cassez como secuestradora.
En blogs y páginas electrónicas francesas las opiniones están divididas.
Algunos lectores del diario parisino señalan que es una buena lección para la soberbia de Nicolás Sarkozy. Otro más anunció que “dejará de comer guacamole” y muchos otros tienen una opinión ambigua.
El tema, desde cualquier punto de vista, es delicado. El poder judicial resolvió que Cassez es secuestradora y que pertenecía a la banda de los Zodiaco, comandada por su novio, Israel Vallarta, con quien fue detenida en 2005.
Víctimas de Cassez la han reconocido y uno de sus cómplices señaló, hace unas semanas, que la francesa casi era la jefa de la organización delictiva.
Cuando fue detenida por la Agencia Federal de Investigación, es verdad, se montó un operativo mediático, se invitó a periodistas televisivos y se fingió un rescate. Una vergüenza desde cualquier perspectiva legal y un sólido argumento para quienes desconfían de las indagatorias.
El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, terminó de complicarlo todo, al trasformar una visita oficial en una jornada de defensa de su paisana.
El gobierno mexicano gastó en la visita más de un millón de pesos. La Secretaría de Relaciones Exteriores desembolsó 760 mil pesos y el Estado Mayor Presidencial 488 mil pesos para seguridad y logística. Los gastos duelen más cuando las cosas no salen bien.
Para salir del paso se creó una comisión binacional para estudiar si era factible el traslado de Cassez a Francia. El tratado de Estrasburgo así lo permite, siempre y cuando el país de condena esté de acuerdo.
Los representantes de ambos países se reunieron dos veces. No hubo forma de garantizar que Cassez cumpliera su condena o que por lo menos permaneciera en prisión. Las leyes francesas son menos duras en el delito de secuestro.
Algo es seguro, Sarkozy ya no comerá guacamole, al menos por un tiempo.
Florence Cassez “está destruida” y considera que su condena significa “la pena de muerte”. 60 años, en efecto, son muchos y más si se tienen 34 años.
Su abogado francés, Franck Berton, le declaró a Libération, de París, que la decisión del presidente Felipe Calderón, de no permitir el traslado de Cassez a Francia, es “un acto electorero”.
El vocero del ministerio de la cancillería francesa, Frédéric Desagneaux, piensa que la determinación mexicana es “difícilmente comprensible” y por ello llama a la familia Cassez a buscar todos los recursos posibles para continuar con el caso.
El litigante mexicano, Agustín Acosta, recurrirá a instancias internacionales para denunciar “las inconsistencias” de la investigación que llevó a la condena de Cassez como secuestradora.
En blogs y páginas electrónicas francesas las opiniones están divididas.
Algunos lectores del diario parisino señalan que es una buena lección para la soberbia de Nicolás Sarkozy. Otro más anunció que “dejará de comer guacamole” y muchos otros tienen una opinión ambigua.
El tema, desde cualquier punto de vista, es delicado. El poder judicial resolvió que Cassez es secuestradora y que pertenecía a la banda de los Zodiaco, comandada por su novio, Israel Vallarta, con quien fue detenida en 2005.
Víctimas de Cassez la han reconocido y uno de sus cómplices señaló, hace unas semanas, que la francesa casi era la jefa de la organización delictiva.
Cuando fue detenida por la Agencia Federal de Investigación, es verdad, se montó un operativo mediático, se invitó a periodistas televisivos y se fingió un rescate. Una vergüenza desde cualquier perspectiva legal y un sólido argumento para quienes desconfían de las indagatorias.
El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, terminó de complicarlo todo, al trasformar una visita oficial en una jornada de defensa de su paisana.
El gobierno mexicano gastó en la visita más de un millón de pesos. La Secretaría de Relaciones Exteriores desembolsó 760 mil pesos y el Estado Mayor Presidencial 488 mil pesos para seguridad y logística. Los gastos duelen más cuando las cosas no salen bien.
Para salir del paso se creó una comisión binacional para estudiar si era factible el traslado de Cassez a Francia. El tratado de Estrasburgo así lo permite, siempre y cuando el país de condena esté de acuerdo.
Los representantes de ambos países se reunieron dos veces. No hubo forma de garantizar que Cassez cumpliera su condena o que por lo menos permaneciera en prisión. Las leyes francesas son menos duras en el delito de secuestro.
Algo es seguro, Sarkozy ya no comerá guacamole, al menos por un tiempo.
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